Gerd Leonhart, sostiene que el siguiente paso de la humanidad será integrar ayudas artificiales a nuestra capacidad cognitiva, creando una suerte de superhombre. Hasta ahora, hemos ido aceptando y llevando con nosotros cierta tecnología. La hemos adoptado sin plantearnos que hubiera dicho y/o pensado nuestro yo del pasado. Una interesante visión de la evolución humana.

Las nuevas soluciones, muchas basadas en tecnología, nos aportan un beneficio por el cual somos capaces de pagar cierto precio, como perseguir enchufes. Y es que el mundo mobile nos lleva a nuevos paradigmas en las relaciones humanas. Algunas culturas generacionales, como los centennials, la relación con la tecnología y el entorno más próximo, ha propiciado unos hábitos propios que forman “parte ritual” de ese grupo. Y es algo que difícilmente se puede condicionar. Es, simplemente, natural. Autores, como Manuel Castells, van más lejos apuntando a cambio fisiológicos en el cerebro. Os dejo una clase magistral suya, bastante reciente, donde combina su Teoría de la Sociedad Red con fenómenos como Trump.

Si algo va mejor, lo usamos. Algunos lo adoptan primero, otros siguen hasta que llega a una gran mayoría. Así funcionan las modas y cualquier periodo de adopción de un producto. Lo que hoy nos puede parecer aberrante, antihumano quizá mañana solo nos parezca raro e incluso, pasado mañana, nos lo recete nuestro médico. Un chip implantado en el cerebro puede dotarnos de las mismas capacidades que una máquina, con acceso al pensamiento colectivo. Esto nos haría aún más inteligentes que cualquier máquina, pudiendo mejorar sustancialmente en muchas áreas de la vida los seres humanos. Y la realidad tecnológica, desarrollándose a ritmos exponenciales, hará que nos planteemos este tipo de cosas antes de lo que podemos llegar a pensar.

Hoy día ya somos capaces de coordinar los pensamientos y las máquinas. En la Universidad de St Louis han desarrollado IpsiHand, un guante robotizado que, con unos nodos al cerebro, que mueve la mano a voluntad. Este dispositivo está pensado para ayudar a recuperar la movilidad a pacientes de ictus. Es un buen avance. También hay piernas robóticas u otros tipos de exosqueletos. Pensémoslo. Nos rompemos un brazo y en lugar de escayola, nos ponen un armazón robotizado. No solo mantenemos toda la movilidad y la misma fuerza, sino que tendriamos un seguimiento online del hueso fracturado. Parece asumible, ¿cierto? Y, lo será  a un precio razonable, en unos años.

La misma lógica podemos aplicar a ayudas tecnológicas que potencien nuestra capacidad y conocimiento. ¿No sería fantástico leer, entender y asimilar un noticia en cuestión de un par o tres de segundos? ¿Saber por donde girar conduciendo por otro país? Tendríamos acceso para incorporar cualquier conocimiento a nuestro cerebro. Ya lo vimos en Matrix. Y si el hombre lo ha imaginado es que el hombre es capaz de hacerlo, respetando siempre, las leyes físicas.

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Slides by Futurist Gerd Leonhard